Esta noche la paso en esta casa tan fría, a las puertas del invierno, recordando cosas que me vienen de manera natural a la cabeza, y por ello soy feliz. Sin darme cuenta me he puesto a rascar en el pasado, en los días que íbamos a visitar a mi abuela, en que como hoy pasaba la tarde ociosa jugando al Sonic, cenaba unas salchichas precocinadas que me sabían a gloria y me metía a la cama entre las sabanas al principio frías, luego calentitas, como estas, con los calcetines puestos como hoy, esperando a que mi abuela se sentara al borde y me contara alguna historia de cuando ella era pequeña, aquella de cuando les asustaron con una calabaza vacía con velas dentro, o la posguerra cuando se comían hasta las cáscaras de las naranjas, mientras las niñas ricas se reían mofándose de su cuerpo esquelético por el hambre, historias que aunque ahora me avergüence decirlo, en aquel entonces no eran mas que historias. Si no me contaba algún cuento como el de Rapunzel o me enseñaba sus joyas que tanto le gustaban y decía que iba yo a heredar, yo le decía que no las quería y era cierto.
Ahora espero a mi novio a que entre en la cama a darme calor, pero de nuevo esa sensación del pasado ha vuelto a mi, me reconforta enormemente en el recuerdo de esos días tan felices y despreocupados en que poco me importaba lo fría que fuera esa casa, por la que ahora anda otra gente, al que no le dice nada esas cuatro paredes.
Si con la muerte de papa, he perdido momentos de mi pasado que no volverán, ellos a cambio se presentan de vez en cuando para decirme..eh, mira aun seguimos aquí en alguna parte…

